Allá fuiste, hacia el misterio. DEP

Allá fuiste, hacia el misterio. Agarrada a mi mano cerraste tus ojos para no volver a abrirlos más. El abismo existencial que a todos nos espera se tragó tu conciencia serena y pausada, primero entre sollozos y sufrimiento, más tarde en calma, una conciencia que ahora estará en la nada, siendo nada, o, tal vez, quisiera creer, que simplemente se haya ido hacia ese mundo desconocido del que nadie vuelve pero en el que algunos dicen que hay vida después de la primera muerte, siendo ella, siendo tú. Al darte cuenta de que ya no había vuelta atrás sentiste miedo, lo noté. No querías y no querías, luchaste hasta el final con la valentía que a otros, a tu lado, nos has faltado durante todos estos años, te aferraste a la vida hasta el último momento, y en un último gesto de excelsa humanidad, sin dejar de ser valiente en ningún momento, dejaste sentir tu miedo a través de tu último gesto vital. Tu mano en la cara, cubriendo tus ojos que amenazaban lágrimas, será para siempre mi último recuerdo de tu paso consciente por este mundo malvado e injusto, que se lleva pronto a tanta gente buena como tú y, en cambio, alarga la estancia en él a millones de malnacidos que apenas merecen el aire que respiran. Después vino el sueño, los ronquidos recurrentes, el agotamiento cíclico de tu respirar, la última exhalación, tu último palpitar. Te fuiste en paz, eso también pude sentirlo. Simplemente el pulso se paró bajo mis dedos y tu vida, al menos esta vida, llegó a su final. Y entonces pasó: esa belleza tuya, la que te ha acompañado durante estos largos ocho años y te ha ayudado a vivir, volvió de repente a tu cara, transmitiendo algo que es imposible poder explicar con palabras, pero que desde entonces no he dejado de sentirlo. La paz o la nada, no lo sé, pero seguro que es algo que yo mismo querré para mí el día que llegue el final de mi destino y pueda entonces, ojalá, volver a encontrarme contigo. Maldita vida, jodida vida, al final siempre espera el abismo. Y da miedo, claro que da miedo. No hay consuelo que valga, solo dolor que acompañará siempre a un montón de buenos recuerdos y algunos otros muchos no tan buenos. Me desespero y siento el miedo en mis propias carnes. Pero ya es tarde. Una parte de mí se ha ido contigo, y ahora solo espero que haya sido esa parte de la que reniego. La de mi egoísmo de hijo único caprichoso e inseguro, la que tanto dolor de cabeza te ha hecho sentir en vida y que ahora en tu muerte puede que al fin se entierre también, contigo. Hasta el final, hasta en tu muerte, habrás ayudado a tu hijo. Seguro. Cuídame mucho, por favor. Te necesito.

DEP Mamá. Espero que los días sean capaces de compensar y hacer mitigar este enorme dolor que siento ahora mismo, esta noche por primera vez desde que te has ido, tan fuerte e intenso que no hay nada capaz de aplacarlo en la soledad de esta noche triste que puede conmigo. DEP Mamá. Espero soñar contigo a menudo, ese será mi verdadero consuelo. Nunca nadie, ni aun queriendo, me podrá querer como tú me has querido, así está escrito. Amor en estado puro. Qué triste, joder. Te quiero y te querré siempre.

DESCANSA EN PAZ.

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