Amar

Tenemos que hablar, me dijo.

Encantado, le respondí.

Ven a la cama y hablemos. Hablemos de tus problemas y de los míos, de tus miedos y de los míos, de tus inseguridades y de las mías. Hablemos de ti, de mi, de nosotros. Hablemos también de la vida, del destino, de la muerte, de la cultura, de la sociedad, de la revolución, de la lucha de clases. Hagámoslo hasta que uno de los dos se haya cansado de hablar, o de escuchar, y dejemos que, llegado ese momento, se haga el silencio.

Entonces… entonces sustituyamos el intercambio de ideas por el intercambio de besos, las miradas de disconformidad por el roce de tu piel contra la mía, el choque de egos por la fusión de nuestros cuerpos, las palabras y las frases por susurros y gemidos, el doloroso placer de la discusión por el vitalizante placer del cuerpo y de la mente. Cambiemos la filosofía por el sexo, la distancia por el encuentro.

Y al terminar, cuando el sudor se seque de nuestra frente y el frío vuelva a invadirnos por debajo de las sábanas, no olvides pedirme que te diga que te quiero. Así me darás, otra vez, la vida. Así daremos muerte a todas nuestras dudas. Así escribiremos el destino de esa noche… y el de nuestros problemas, nuestros miedos y nuestras inseguridades.

Esa será nuestra cultura del amor, nuestra sociedad de los sentimientos, nuestra revolución de las emociones y nuestra lucha de clases… de las distintas clases de entregarse el uno al otro.

Hagamos la guerra en la cama… el amor ya lo hacemos, y debemos seguir haciéndolo, cuándo y dónde nos da la gana.

Leave a Reply

Your email address will not be published.