Envidia y sueños consumistas/capitalistas

1

Cuando aquella noche lo vi por primera vez en ese programa de televisión, no lo podía creer. Era él, sí, era él. Mi primer amor, mi compañero de la infancia. Aquel con el que tantos buenos ratos pasé jugando a la pelota en el barrio. Aquel con el que paseaba de la mano los domingos por la mañana imitando el paseo de aquellos enamorados que nos cuadruplicaban en años. Aquel con el que descubrí el amor, el tierno amor de la infancia, ese que es tan puro que ni la pasión conoce, ese que una solo puede vivir en aquellos años, porque luego, cuando creces y tu mente te dictamina lo que debe mandar en tu corazón, ya es imposible. Aquel al que entregué mi virginidad nada más entrar en la adolescencia, aquel con el que un día soñé formar una familia perfecta, para toda la vida. Era él y además, por lo que podía observar, le iba perfectamente. Tenía todo lo que yo siempre hubiera deseado tener. Dinero, belleza, fama, glamour. Era alguien y yo una nadie. Eso ni el amor más puro hubiera conseguido mantenerlo unido. En el fondo me alegré de haber tenido que cambiar de ciudad. No hubiera soportado verlo crecer y alcanzar todas esas cosas con las que yo siempre soñé y nunca, ni con él ni sin él, hubiera sido capaz de alcanzar. Seguro que me hubiera dejado en algún momento cuando mi corazón no hubiera estado preparado y todo hubiese sido mucho más doloroso.

Me alegré por él. Al menos él era alguien, al menos uno de los dos había hecho realidad los sueños que compartimos de pequeños, al menos uno de los dos se había convertido en aquella persona exitosa que siempre quisimos ser.  Realmente sentí que estaba preparada, al verlo así de bien, para perdonarle que tras mi marcha nunca más quisiera saber de mí, nunca me escribiera, nunca me llamara, nunca le importase cómo me fue la vida. Como si nunca hubiera existido, como si nada hubiéramos vivido juntos.

Siempre lo había imaginado siendo otro de tantos, como yo, como casi todos, con su vida monótona y rutinaria, con su búsqueda perpetua de una felicidad que nunca llega. Pero no, allí estaba él, poderoso, con un buen nombre sustentado en su dinero y en su glamour, habiendo sabido aprovechar las oportunidades que le brindó la vida, convertido en todo un magnate de la construcción. Contando a todo el país cómo había conseguido pasar de las calles del barrio a codearse con lo más granado de la política y la alta sociedad. Dando envidia, mucha envidia. Siendo todo lo que yo quisiera ser. Al menos él lo logró, al menos él.

Ya no tengo que llorar porque me olvidara de tal manera después de todo aquello tan maravilloso que vivimos juntos y nunca más quisiera saber de mí. Ahora, en todo caso, lloraré porque mi vida, al lado de la suya, ha sido un completo fracaso.

2

Mamá, mamá. Ven con nosotros a jugar a la pelota”. Era su hijo y una amiga, los había dejado en la televisión del cuarto viendo los dibujos del Disney Channel, mientras ella, como cada sábado, veía en el salón su programa del corazón preferido.

¡Casi me había olvidado de ellos!, murmuró. ¡Los había olvidado por completo!, exclamó ya a voz en grito.

Fue entonces cuando los miró a los ojos y pensó que tal vez, solo tal vez, su vida no había sido tanto fracaso, y que tal vez, solo tal vez, aquel amor tan puro de la infancia no le era ahora tan extraño. Al fin y al cabo todo depende de los ojos con que se mire.

3

Tras aquello nunca más volvió a ver programas del corazón. Y al Disney Channel le puso un código inaccesible para su hijo, desde aquel día se lo tuvo bloqueado. “Prefiero que vea porno, es menos dañino para su salud mental”, aseguran en los cotilleos del barrio que alguna vez le habían oído comentar al respecto. “La envidia, que es muy mala”. Responde ella cada vez que alguien le pregunta sobre si es o no cierto que alguna vez dijera eso.

Y lo dice feliz, como nunca antes supo serlo.

Salvo, quizás, en aquellos tiernos momentos de la infancia.

Por sus vivencias, claro, que no por sus deseos, ni sus aspiraciones, ni sus motivacioness: que no por sus sueños.

One Response to "Envidia y sueños consumistas/capitalistas"

  1. juanra  diciembre 31, 2013 at 12:33 am

    XD cuando hablas sobre la realidad.., es decir, reflexionando y razonando a través de los escritos.., tienes la retorica mas afilada y compleja que contando historias.., aunque desde una perspectiva que busque la sencillez y el minimalísmo este puede ser un camino a desarrollar..

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