La sociedad consumista/capitalista como proclamación factual del Reino de Dios-Mercado

Reino de Dios” es un concepto teológico que, en el contexto de las creencias cristianas, hace referencia al reinado o soberanía de Dios que es por sobre todas las cosas, y no es conforme al reinado de los poderes terrenales. Cualquier persona que haga la voluntad de Dios podía ser, según tales creencias, súbdita de su Reino, sin importar dónde haya nacido o cuál sea su origen familiar. En él,  además de dictarles a sus habitantes leyes que elevan sus valores morales, el Reino de Dios los educa para que puedan cumplirlas.

Tal Reino de Dios puede ser, además, según estas mismas creencias, entendido de dos maneras diferentes: como realidad por venir y como realidad presente.

Como realidad por venir, los creyentes de tal religión pensaban (y piensan), según lo revelado en las sagradas escrituras, que cuando se produzca la segunda venida de Jesucristo -y por ende el reino de Dios-, implicará un reordenamiento total de la sociedad y serán eliminados todo tipo de abusos e injusticias que atentan contra ella. Como realidad presente, el Reino de Dios se da también cuando en nuestro interior vive Jesucristo y nuestra vida se reordena de acuerdo a la voluntad de Dios y nos convierte en sus agentes o colaboradores para que este Reino se establezca en la tierra. Dios actúa por medio de nosotros para lograr este fin.

Para desgracia de los creyentes en estas ideas religiosas, en la actualidad ni una cosa ni la otra: ni Jesucristo ha vuelto a venir  y, con ello, se ha transformado y reordenado la sociedad en el sentido esperado por los cristianos, ni la actitud presente de los hombres es conforme a lo que de ellos se debe esperar para que este Reino de Dios en el presente se pueda concebir como tal, al menos desde un punto de vista social, como expresión de las actitudes mayoritarias y hegemónicas propias de la sociedad.

Lo que sí se ha producido, no obstante, es la aparición de un Reino de Dios más acorde a la realidad de nuestros días: el Reino de Dios-Mercado.

El Reino de Dios de los cristianos, al menos en su aspecto presente –otra cosa es que los cristianos de la actualidad sigan creyendo en el Reino por venir de Dios-, caía derrotado por la historia de la mano de la Muerte de Dios, y, con ello, tras algunos años de luchas y conflictos entre diversas alternativas ideológicas, el Reino del Dios-Mercado se abría paso en la historia, asentándose de pleno en su forma presente.

Esto es, en la sociedad de nuestros días el Dios-Mercado ha sustituido al Dios cristiano/feudal como gran soberano de la civilización y su voluntad; su divina providencia; se ha convertido en el motor y fundamento principal del funcionamiento de la actual sociedad consumista/capitalista.

Dios-Mercado es, en la sociedad consumista/capitalista, por sobre todas las cosas, y no es conforme al reinado de los poderes terrenales: solo el mercado es auténtico soberano de la sociedad y solo el mercado es quien debe guiar el funcionamiento de la misma, sometiendo a los poderes terrenales a sus mandatos, unos poderes terrenales que jamás han de osar ir contra la voluntad de su soberano; Dios-Mercado.

La sociedad consumista/capitalista, con ello,  además de dictarle a sus habitantes leyes y normas de comportamiento que adecuan sus valores morales conforme a la voluntad de Dios-Mercado, los educa para que puedan cumplirlas. Así, los hombres y mujeres que habitan en esta sociedad consumista/capitalista viven acorde a tal voluntad, la han hecho suya, la han interiorizado como forma de vida, como código de sentido, convirtiéndolos en agentes y colaboradores de tal Dios-Mercado para que el Reino de Dios-Mercado se haya podido establecer de facto en la tierra.

Dios-Mercado actúa por medio de estos hombres y mujeres consumistas/capitalistas para lograr tal fin, y lo hace, además, de manera eficiente, de tal forma que el Reino de Dios-Mercado no es ninguna especulación teológica ni ninguna promesa religiosa de salvación, es la realidad misma, es el día a día de nuestra sociedad actual, es el presente mismo.

La sociedad consumista/capitalista es la proclamación factual del Reino de Dios-Mercado. Dios-Mercado cuenta para ello con su propia figura soberana como principal referente simbólico/ideológico que garantice la existencia de su reino, así como con el resto de manifestaciones y representaciones sagradas a través de las cuales se expresa (propiedad privada,  dinero, leyes del mercado, consumismo, etc.).

Unas representaciones y manifestaciones cuya presencia en la vida de las personas toma forma de elementos sagrados que han de ser concebidos como absolutos e incuestionables per se, garantizándose así el Reinado de Dios-Mercado, a una misma vez que sirven para dar fundamento – e identidad histórica- a la sociedad misma, así como a la vida de las personas que en ella habitan, para satisfacción de Dios-Mercado.

Todos somos, pues, creamos en él o no, vivamos conforme a su voluntad o no, al menos todos aquellos que vivimos en las sociedades consumistas/capitalistas, súbditos de Dios-Mercado. Y su reino, a diferencia de aquel reino que Jesucristo decía suyo, sí es de este mundo: es, de hecho, nuestro único mundo.

La sociedad de nuestros días es así una sociedad religiosa sustentada en una hegemonía de clase. El Reino de Dios-Mercado es el reino religioso en el que la burguesía, a través del mercado y sus diferentes manifestaciones y/o representaciones simbólicas, a través de sus diferentes divinidades consumistas/capitalistas, impone su ideología de clase, en defensa de sus intereses de clase. Todos somos, pues, súbditos de la burguesía, cuyo poder soberano, como era propio de las sociedades absolutistas del Antiguo Régimen en tiempos del Dios cristiano/feudal, no está sujeto a ninguna limitación institucional, fuera de la ley divina (en aquel antaño de la ley de Dios y ahora de las sagradas leyes del Dios-mercado).

Amén.

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