Navidad consumista/capitalista: festividad por excelencia de la sociedad actual

La Navidad ha sido totalmente expropiada del significado que representaba dentro de la sociedad cristiano/feudal, transmutando, pese a que siga determinada por las fechas del calendario festivo propio del ámbito cultural del cristianismo, en una tradición popular consumista/capitalista, que reproduce y consolida lo que en los valores de esta nueva religión de masas hay de significativo e importante para la sociedad, que sirve como forma de concretizar y hacer visible la exaltación de los códigos mitológicos que fundamentan la sociedad religiosa de nuestros días, y que se manifiesta, en la práctica, como una verdadera tradición consumista/capitalista.

La navidad, en la sociedad actual, ha transmutado, a modo de transferencia de sentido, de tradición cristiana a tradición consumista/capitalista. Ha dejado de formar parte de la esfera significativa propia de la mitología cristiana y ha entrado de lleno a formar parte de la cultura consumista/capitalista, expresada como concreción, en el mundo real, de los mitos que le son propios en el ámbito de su estructura mitológica referencial.

En palabras del filósofo y teólogo cristiano Juan Antonio Estrada: “La Navidad, que celebra el nacimiento del mesías de los pobres y que estás marcada por la contraposición entre la alegría del pueblo sencillo ante el nacimiento del salvador y el rechazo y oposición tanto de las autoridades religiosas como civiles de la época de Jesús, se transforma en una fiesta de consumo, anticipo del fin de año, en la que los escaparates de los comercios se engalanan con belenes y símbolos cristianos. Se festeja el nacimiento del enviado a los pobres y se neutraliza su significado, que se convierte en un acicate para el consumo”.

Estrada define así bien la situación actual, a nivel de contenidos y significados, por la que atraviesa la fiesta de la Navidad, pero se le escapa un detalle fundamental: no solo es que la Navidad haya sido vaciada de su significado original cristiano, sino que ya, en cuanto hecho social, ha dejado de ser una fiesta popular cristiana y se ha transformado, por implosión cultural, en una fiesta popular consumista/capitalista, de hecho, en su principal fiesta popular.

Cuando llega la navidad, llega el consumo masivo y desbocado como máxima expresión de la felicidad y de las relaciones sociales que dicen fraternales y amistosas. El consumismo es ya la principal seña de identidad de la navidad en los países capitalistas. Las calles del centro y otras zonas comerciales de tu ciudad, iluminadas y adornadas con todo tipo de mensajes y símbolos navideños, comercios abiertos a horas intempestivas, y un flujo incesante de personas con bolsas de las principales tiendas de la ciudad en las manos, llenas de los más variopintos productos, así te lo indican.

El entramado de significaciones que da sentido a la sociedad consumista/capitalista se ha apropiado de los símbolos navideños y les ha otorgado un nuevo significado. La navidad ya no celebra el nacimiento de Cristo, ni exalta valores propios de la religión cristiana tales como el amor al prójimo, la compasión, el perdón o la solidaridad con los enfermos, los hambrientos y los empobrecidos. Ahora celebra la exaltación del consumismo como forma hegemónica de vida, el consumo como centralidad del orden social, el capitalismo/consumismo como cultura dominante.

La navidad ya no tiene, en definitiva, al Cristo que nace, al niño Jesús o al Portal de Belén, como símbolo representativo de su verdadera significación social, sino al Papa Noel de la Coca Cola, ese Papa Noel al que, en 1931, Haddom Sundblom, un ilustrador que trabajaba para Coca-Cola, cambiara el traje típico de Santa Claus en verde, azul, negro y amarillo, por otro más acorde a los nuevos tiempos con los colores de la marca, rojo y blanco. Toda una señal, sin duda, de los tiempos que nacían.

La Navidad es entonces una tradición popular que el consumismo/capitalismo ha sabido hacer propia e integrar dentro de su particular calendario de eventos festivos que son importantes como hechos sociales para la comunidad. De la misma manera que el cristianismo asumiera e hiciera propios acontecimientos y eventos que eran propios del mundo pagano y que con el tiempo fueron asumidos como propios por el cristianismo, el consumismo/capitalismo ha asumido y ha hecho propia la Navidad como tradición popular que es importante para la sociedad consumista/capitalista.

No solo es que la haya coaptado, es que la ha convertido en una tradición popular que ya es más consumista/capitalista que cristiana, a través de la cual es el consumismo/capitalismo el que se expresa socialmente y son los valores y significaciones propios de esta nueva religión de masas los que se manifiestan y se ensalzan a través de su celebración en sociedad.

Cuando algo así ocurre, cuando se puede decir que tal transformación es un hecho, podemos hablar, desde un punto de vista antropológico, de que dicha tradición popular es ya una tradición representativa de la nueva religión –en este caso, la religión hegemónica y de masas consumista/capitalista-, ya que a través de la ritualidad que la acompaña será la mitología consumista/capitalista la que se concretice y se haga presente en el mundo real, tal cual es lo propio de la ritualidad vinculada a las prácticas religiosas.

La navidad, tal y como ahora se expresa en la mente de la ciudadanía de nuestros días, consolida socialmente las creencias consumistas/capitalistas, ratifica el orden social inherente al capitalismo y lo legitima socialmente. Es decir, tiene todos los componentes de lo que uno puede esperar en relación a una fiesta popular que trate de vincularse, a través de las prácticas rituales que en esas fechas impulsa y practica la sociedad, con una sociedad de tipo religioso, a la cual represente como festividad.

La delimitación de espacios sociales clasistas cerrados, así como la capacidad de cada cual para darse valor a sí mismo a través del consumo, por ejemplo, se manifiestan ante nuestros ojos en estas fechas con toda claridad y evidencia. Todos los espacios sociales, físicos y simbólicos, propios de unas clases y otras, se verán esos días rebosados de realidad, serán más visibles que nunca, y además con una manifiesta intención, especialmente por parte de las clases dominantes, de que así sea, como mensaje de fondo para el resto del año, como expresión de la realidad social que acompañará a la sociedad el resto del año.

La burguesía llenará estos días los mejores restaurantes, los clubs privados, y todo aquel espacio reservado para los de su clase, lucirá sus mejores galas y demostrará al global de la sociedad su papel de clase dominante, así como su elevado poder adquisitivo, esto es, su elevada capacidad de adquirir aquellos productos que la han de distinguir socialmente del resto de clases sociales, para que no quede duda de que son ellos quienes tienen todo lo que tú sueñas tener y que, con casi toda probabilidad, nunca tendrás.

En estas fechas navideñas, pues, las clases dominantes saldrán a las calles, se mezclarán con el resto de la sociedad, como hacen habitualmente, pero estos días, en especial, tú sabrás que ellos son ellos, que esa clase social es la que les corresponde como miembros de la sociedad y que tú no formas partes de ellos, aunque lo hayas deseado desde niño y lo sigas deseando en tu fuero interno cada día de tu vida. Las clases trabajadoras, en cambio, se enfrentarán como puedan a la realidad que les haya tocado vivir.

Esa cena de nochebuena que no entra en el presupuesto familiar pero a la que no se puede renunciar para no quedar mal con los familiares que vienen a visitarnos esa noche, esos centros de atención a los más necesitados que tratan las fechas de manera especial y ofrecen un menú selecto en comparación con el resto del año, a la misma vez que abren espacios mucho más grandes de lo habitual y que, efectivamente, se llenarán con la presencia de mucha más gente de lo habitual (puesto que son noches para pasarlas en compañía de tus semejantes, según nos han dicho), ese conflicto con el hijo o la hija porque no se le puede comprar como regalo de Reyes el último producto de moda que le permitiría poder sentirse importante entre su grupo de amigos (y que los padres de otro amigo sí pudieron comprarle, para más inri), ese despilfarro en todo tipo de gastos superficiales que luego vendrá acompañado de su correspondiente “cuesta de enero”, o ese sentir directamente que no eres nadie porque ni a eso puede aspirar, tomarán vida en la realidad de los de abajo, acompañados por esos mensajes solidarios, esas series televisivas en que una familia, humilde o de clase alta –da igual-, sienta a comer en su mesa a un sinhogar, o esas películas en las que el sueño de la navidad es también el sueño de la vida en consumista (con sus correspondientes fantasmas), y esos anuncios en clave navideña que te mostrarán todas aquellas cosas maravillosas que el mercado te ofrece como solución a tus problemas y de las cuales solo las que entran dentro de tu capacidad adquisitiva podrás comprar –aunque las quieras todas-, que te harán recordar no solamente las fechas navideñas, sino, sobre todo, y ante todo, cuál es el tu papel en la sociedad, cuál es tu capacidad de relacionarte con su estructura jerárquica y cuáles son los espacios, físicos y simbólicos, que te corresponden como tal.

La Navidad, en definitiva, como hemos dicho arriba, ha transmutado en una tradición que sirve para ensalzar los valores consumistas/capitalistas, que en estos días se harán más presentes y visibles que nunca, a una misma vez que sirve para reflejar la realidad social de tal forma que cada cual tome conciencia de cuál es su lugar dentro de la escala jerárquica de la misma, asumiendo que la sociedad funciona de forma natural de la manera que esos días se refleja socialmente y que aquello, en consecuencia, debe ser visto como algo normal, fruto de un orden natural. Así, como toda tradición religiosa que sea eficiente, sirve tanto para consolidar las creencias que son propias de esa religión, como para justificar y consolidar la propia sociedad en sí misma, ratificando el orden social y legitimándolo socialmente. Así es la navidad de nuestros días.

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