Pensiones y lucha de clases: De la ofensiva del capital a la resistencia de la clase trabajadora

De la ofensiva del capital…

El Círculo de Empresarios ha pedido hoy al gobierno profundizar “con valentía” en la reforma de las pensiones. “Valentía”, expresado en el lenguaje de estos empresarios, quiere decir, por supuesto, acabar con el sistema público, ya tocado de muerte con las últimas reformas del PP, e ir hacia un sistema “mixto” en el que convivan los planes privados de pensiones y el sistema público de reparto. Es decir, hacia un modelo donde lo que prime sea el negocio de entidades privadas y no el derecho social de las personas.

 

En concreto, la presidenta de dicha organización patronal, Mónica de Oriol, ha solicitado a la ministra de Empleo, Fátima Báñez, que “con la misma valentía” con la que sacó adelante la reforma laboral, acometa una nueva reforma “estructural” de las pensiones, “más allá de los cambios paramétricos que ha introducido la llevada a cabo en 2013″. Durante la presentación del estudio ‘Pensiones. Una reforma medular’, de la Fundación de Estudios Financieros, en colaboración del Círculo de Empresarios, De Oriol ha exigido a la titular de Empleo que “escuche” las peticiones de los empresarios y ponga el acento en la necesidad de hacer que los ciudadanos sean los “protagonistas” de sus futuras pensiones, y no permitir que se “adormilen en la comodidad del Estado del Bienestar”.

  

Estamos, una vez más, ante toda una demostración, y de alto calado, del uso masivo y sistemático por parte de quienes quieren dejar al pueblo sin un solo derecho social y/o laboral que pueda resultar molesto para la burguesía, del ya famoso neolenguaje neoliberal, a través de la cual, apoyándose en eufemismos varios, se acaba por llamar “protagonismo” a lo que en realidad es un desmantelamiento de derechos sociales, y “adormecimiento” al goce de tales derechos. Ser protagonista, pues, para que lo entiendan, es renunciar a un sistema público de pensiones al estilo del actual (sustentado en las bases de cotización que trabajadores y empresas hacen a la Seguridad Social), mientras que oponerse a ello, negarse a su desmantelamiento, es vivir en el “acomodamiento  en el estado del bienestar”. ¿Muy claro todo, verdad?

 

Entre otras cosas, dicho informe habla de la existencia de lo que ellos denominan “injusticias actuariales”, derivadas, aseguran, de la mayor longevidad de la que disfrutan ciertos grupos de población o colectivos, de manera que unos financian las pensiones de otros. Esto es, que el sistema tiende a hacer que unos contribuyentes coticen más que otros, y luego, en cambio, mal que bien, de más o menos cuantía, casi todos los cotizantes, a poco que hayan querido trabajar y no sean unos vagos -sic- que gustan de estar en paro, acaban cobrando la correspondiente pensión. Además, no es justo con el número de años que unos y otros cobran la cuantía de su pensión en función de lo previamente aportado. Si hasta hay quien se empeña en vivir por encima de sus posibilidades/aportaciones. Y eso es profundamente injusto, por supuesto. Es inaceptable que un funcionario, o un directivo de altas empresas al que no le faltan nunca las ofertas de empleo, o un trabajador con un contrato fijo en una empresa que le permita hacer toda su vida laboral completa en ella, tengan que pagar las pensiones a esos millones de desempleados y trabajadores precarios que pululan alegremente, y sin arrepentirse ni nada, por el estado. Y si encima el que menos ha aportado resulta luego que se muere varios años después  que el que había aportado más, pues injusticia al cuadrado. O, dicho de otro modo, en lenguaje de la calle y sin eufemismos, la propuesta es clara: “Que cada perro se lama su capullo”. Y si quieres vivir muchos años, te lo pagas.

 

Una propuesta que, aunque dicho así, a lo pueblo llano, suene un poco bestia, en realidad, si lo pasamos por la batidora consumista-capitalista, le damos duro unos segundos a la maquinita, y lo dejamos bien líquido y refinado, sin grumos ni nada, esto es, traducido y adaptado a la neolengua neoliberal, viene a ser lo mismo que decir que “es necesario fomentar los planes de ahorro privados vinculados a los fondos de pensiones, en los cuales es la propia persona la que tiene la capacidad de añadir mes a mes el dinero que luego le servirá, en un futuro, para disfrutar de su pensión personal, y que estará en función de sus propios ingresos y solo de sus propios ingresos, sin que exista, pues, “injusticia actuarial” ninguna”. Lo que viene a ser, en resumen, la base fundamental -egoísta, competitiva, insolidaria e individualista- donde reposa el normal funcionamiento de una sociedad capitalista en su máximo grado de civismo y desarrollo.

 

Estamos, pues, ante un nuevo movimiento de la burguesía en defensa de sus intereses de clase, y en contra de los intereses de clase de la mayoría trabajadora. Todo parece estar, en realidad, muy bien pensado y mejor calculado. Primero, el PP asestó una puñalada mortal al sistema público actual con sus reformas, que, según diversos informes, supondrá en torno a un 50% de pérdida de poder adquisitivo para los pensionistas del sistema público en los próximos 35 años. Ello, obviamente, provocará que muchos trabajadores y trabajadoras, ante semejantes expectativas, se vean abocados a contrata fondos de pensiones privados a modo de complemento. Se abre así la puerta a que quede plenamente justificado, en la propia realidad social, el fomento y desarrollo de un sistema mixto que sustituya al moribundo sistema público, tal cual piden ya estos empresarios, a una misma vez que se fomenta la idea de que el sistema público es injusto y que la verdadera justicia se encuentra en la forma de proceder del sistema privado (ya hemos visto el avance de tal hecho en este mismo informe), y así sucesivamente hasta llegar al objetivo final: acabar con el sistema de pensiones como reflejo de un derecho social y convertirlo exclsuivamente en un lucrativo negocio para bancos y aseguradoras -entre otros-, donde el trabajador ya no tiene derecho a pensión, sino sencillamente la obligación de ahorrar tal o cual cantidad de dinero para poder tener el día de mañana la posibilidad de contar con una pensión. Y a poder ser al estilo chileno.

 

Así que si, para su desgracia, llegado el momento de cobrar la pensión, ha estado en paro muchos años de su vida laboral activa, o su sueldos han sido ridículos, o tiene una familia numerosa a la que alimentar y no ha podido ahorrar lo suficiente para su pensión, pues ya sabe: se jode. Y en un estado con 6 millones de desempleados, el salario mínimo rozando los límites de la pobreza y, en general, los salarios en plena caída, así como un aumento desbordado de la precariedad laboral, es mucho, pero que mucho decir. El Círculo de Empresarios, ya vemos, nos muestra el camino que el PP ha trazado de antemano.

 

… A la resistencia de la clase trabajadora

 

 

Luego, eso sí, se extrañan de que el odio de clase y la rabia hacia quienes nos están robando todo, inunden cada vez más los barrios obreros -como Gamonal- o sean sentimientos presentes ya día a día en la mente de millones de personas, de esas mismas personas a las que están abocando a la miseria, el desempleo, el hambre y la desesperación existencial. Porque, y es normal dentro de su lógica de clase dominante, no solo nos quieren dejar sin nada, sino que, además, lo quieren hacer con nuestro consentimiento, sumisión y aceptación generalizada. Pero, al menos en lo que respecta a la izquierda anticapitalista, la llevan clara. Tendrán que pasar por encima de nuestras cabezas antes que vernos arrodillados ante semejante situación.

Y es que tal vez algún día, aunque se crean intocables ahora, acaben recogiendo todo lo que están sembrando. Quién sabe. Igual, sin más, llega el día en que ya no son tan “valientes” pidiendo “valentía” para robar al pueblo hasta el aire que respira.  Igual entonce su única valentía será la de agarrar las maletas y salir huyendo antes de que el pueblo les haga pagar, gramo a gramo, céntimo a céntimo, lágrima a lágrima, todo el sufrimiento que están generando. Ejemplos hay en la historia unos cuantos.

De hecho, en cuanto no tienen un gobierno amigo en el que fundamentar su poder de clase, en cuanto ya no pueden pedir “valentía” a su manera al gobierno en cuestión, es lo que suelen hacer, sobre todo a poco que la cosa se pone “fea”. Quién sabe, pues, lo que nos deparará el futuro.

Si ellos ganan la batalla, la verdad que solo podemos esperar algo bastante parecido a lo que debe ser el infierno en vida: Sin derechos laborales, con pensiones de miseria, con una sanidad privatizada y una educación solo al alcance de los ricos, entre otras muchas cosas. Pero quién sabe: Igual pierden.

Porque en nuestra mano está conseguir que pierdan, en nuestra mano está conseguir que sus risas victoriosas de hoy se vuelvan lágrimas de derrota mañana, aunque se crean invencibles y no duden en recordárnoslo, humillándonos, con propuestas como esta, o similares, día sí y día también.

Ya no vale contemporizar, ya estamos en el momento urgente y decisivo del todo o nada. Y, de momento, vamos camino del “nada”. Esperemos que no sea el  camino definitivo.

Es una guerra de clases

Estamos viviendo en estos momentos una etapa decisiva de la lucha de clases, insertos en una auténtica guerra de clases, con una burguesía a la ofensiva y totalmente desbocada, dispuesta a todo por defender sus intereses. O el pueblo trabajador reacciona, o estamos muertos.

Es una guerra de clases pura y dura, y quien no se haya dado cuenta todavía, quien todavía no lo haya entendido así, ya va siendo hora de que lo vea y lo entienda. Antes de que, de verdad, nos hayan dejado sin nada: hasta sin esperanza.

Ya es hora de que no sean solo las clases dominantes las que estén luchando masivamente en tal guerra. Ya es hora de que el ejército de clase de la clase trabajadora imponga su mayoría aplastante. Ya es hora, en definitiva, de empujar a toda esta panda de ladrones y usureros que nos están robando el futuro, al basurero de la historia, para que no vuelvan jamás. Y eso por decirlo finamente…

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