PODEMOS y la televisión: No es favor del capital, es esfuerzo y trabajo durante años

Pablo Iglesias ha sabido aprovechar a la perfección una grieta abierta en los medios del capital. Pero no por casualidad. Si no porque desde hace años sabía que era la única forma posible de llegar a la gente, lanzar su mensaje político y poder así llegar hasta donde la izquierda no puede llegar por sí misma...

Unos de los argumentos preferidos de la gente de izquierdas que critica a PODEMOS y tratan de convencernos de que son un fraude tipo PSOE del 82, es que salen mucho en la televisión del capital. Supuestamente, salir en esas televisiones, por el simple hecho de salir, ya te convierte en un aliado del capital o un traidor a la izquierda. Como si en ellas solo pudieran tener cabida quienes se ponen de rodillas ante el sistema y el régimen español, y no hubiese forma alguna de abrirte un hueco por otro procedimiento que no sea el “tú sales aquí porque sirves a mi intereses políticos o no sales”. Sin bien en la mayor parte de casos lo anterior es verdad, la experiencia de PODEMOS ha demostrado, precisamente, que no es una verdad absoluta: que el sistema tiene grietas y por ellas también te puedes colar. Su principal grieta: el interés económico. Si una persona les genera audiencia, la seguirán llamando.

Pablo Iglesias ha sabido aprovechar a la perfección esa grieta. Pero no por casualidad. Si no porque desde hace años sabía que era la única forma posible de llegar a la gente, lanzar su mensaje político y poder así llegar hasta donde la izquierda no puede llegar por sí misma desde que los procesos de reconversión industrial y la precarización masiva del trabajo, expulsó a los obreros de las fábricas y acabó con aquellas como eslabón de enganche entre las ideas de la izquierda transformadora y las mayorías sociales trabajadoras. Mucho antes de empezar a ser conocido por sus apariciones en televisión generalista, de ámbito estatal, Iglesias ya tenía claro que para poder llegar a la gente de forma masiva debes abrirte un espacio en los grandes medios, y, de todo ellos, especialmente en la televisión. Porque, como él mismo afirmaba, “la gente ya no milita en partidos, milita principalmente en los medios de comunicación”. Entendiendo que era la única forma de poder disputar el “sentido común” a la derecha, y, con ello, poder hacer llegar el discurso de la izquierda a la gente común, al pueblo trabajador. Tenía claro, entre otras cosas, que había que acabar con la hegemonía de la derecha en las tertulias políticas. Tanto al nivel de crear nuevos espacios donde poder realizar tertulias en las cuales la izquierda pudiera combatir con argumentos a la derecha, como a la hora de poder hacer presente la voz de la izquierda transformadora en los medios del capital. “Si no se está en la esfera pública en la que pelean los medios de comunicación, no existes”, decía Iglesias allá por 2012 (ver el link puesto anteriormente), añadiendo que “si eso implica asumir contradicciones, habrá que asumirlas, y el que no quiera asumirlas, que no haga política”.

O dicho en otras palabras, que el hecho de que ahora PODEMOS tenga tanta presencia en las televisiones del capital, así como la presencia de Pablo Iglesias en las mismas durante estos últimos tiempos, no es fruto de la nada, o de un favor concedido por los dueños de los grandes medios de comunicación: es el resultado de un trabajo bien hecho, de una estrategia política perfectamente pensada, de un esfuerzo constante y, por supuesto, de un talento que han sabido explotar a la perfección. Nadie les ha regalado nada, y mucho menos por interés en que Pablo Iglesias y sus ideas se abrieran un hueco como alternativa al bipartidismo a través de PODEMOS. Solo hay que analizar el proceso que los ha llevado hasta donde están.

Es decir, que para poder salir en esa televisión del capital te lo tienes que currar. O no saldrás jamás.

Primero montar una “Tuerka”. Empezar de cero. Apoyarte en los medios alternativos. Yo mismo atendí los mensajes de Pablo Iglesias, por aquellos entonces colaborador de Kaosenlared, para que hiciésemos en Kaos una cuenta de La Tuerka desde donde poder subir los programas que iban haciendo. Un programa que hacían en un plató rudimentario y con unos recursos mínimos. Nuestra respuesta fue que Pablo podía usar su cuenta de colaborador para subir los contenidos de La Tuerka cada semana, algo que hicieron puntualmente desde el inicio. Los diferentes programas de La Tuerka colgados en la antigua página de Kaosenlared se pueden encontrar haciendo una sencilla búsqueda en Google, y que da estos resultados.

Así, con una tertulia de calidad, el apoyo en su trabajo semanal y la difusión encontrada a través de Kaos, las redes sociales, y otros medios, La Tuerka fue haciéndose un espacio y dándose a conocer entre el público de izquierdas. Al mismo tiempo, Pablo Iglesias ni dudo en ir a la TV de Vallekas, al Canal 33, a todos los sitios donde pudiera debatir y dar su opinión, aunque en aquellos momentos los viesen cuatro gatos. En definitiva, crecer.

A raíz de ese crecimiento, poder luego hacer un Fort Apache y llegar a un acuerdo con la TV pública de Irán para poder emitirlo, aunque en él vayas a tratar temas que no serían muy del agrado de los Ayatolás (sic). Tener visión a largo plazo y traer a tus programas a gente con la que no comulgas ideológicamente pero que sabes que te pueden abrir puertas en medios “enemigos”. Hacerte un master de tertuliano en TVE antes de empezar a ir a ninguna tv “grande”, gastando un dinero en formación sin saber si te va a dar un resultado, o será un dinero tirado (pero que ves como una inversión en tu proyecto político). Trabajarte cada intervención con un grupo de asesores que te ayuda en el debate incluso cuando tus programas solo los van a ver unas pocas miles de personas en internet.

Ir a “La Noria”, aguantar el circo que allí montaban, hablar cinco minutos y pasar totalmente desapercibido (y comerte ese “fracaso” en tu estrategia). Porque pocos recuerdan tal hecho: que Pablo Iglesias la primera vez que apareció como “tertuliano” en una gran cadena, lo hizo en el programa “La Noria” de Jordi González”, siendo un completo desconocido para el gran público, tanto que, como recoge esta crónica de aquel programa, el presentador hasta confundió su nombre con el de la supuesta Universidad en la que trabajaba. Su presencia allí pasó con más pena que gloria y nunca más volvieron a llamarlo. Eso fue casi dos años antes de que empezara a ser un habitual en las tertulias de otras grandes cadenas. Suponemos, eso sí, que el tal Jordi González se estará dando cabezazos por no darse cuenta del “diamante” que había pasado por su plató y que no supo ver como tertuliano habitual. El tema de debate: la modernización de la Iglesia. Cualquier hubiera valido, lo importante era estar.

Que luego, un día, uno de esos enemigos ideológicos a los que invitaste a tu programa (y con los que has entablado cierta relación), te abra un hueco en un programa basura que no ve ni Perry en Intereconomía (donde esa persona salía como tertuliano habitual). Hacerlo bien. Que al día siguiente te lleven a “El gato al agua”, que allí esté Federico Jiménez Losantos, el polemista de la derecha por excelencia, que te enfrentes a él, y te lo comas con papas.

Que eso despierte el interés de cientos de miles de personas, que se haga viral y se extienda por la red. Que, a su vez, consiga despertar el interés de los de la Cuatro, la Sexta, TVE, la 13, etc., que lo vean y digan “ummm, este tipo sabe hablar y genera visitas y audiencia”. Que esos medios te llamen por interés económico y nada más que por interés económico. Que lo hagas bien y les generes audiencia. Que te sigan llamando. Que lo sigas haciendo bien y les sigas generando audiencia. Que te enfrentes a Marhuenda, a Inda, a Isabel San Sebastián, Isabel Durán, y toda la trupe de tertulianos expertos del régimen, y te los sigas comiendo con papas. Enfrentarse también a primeros espadas de la política como Rubalcaba o Esperanza Aguirre, y dejarlos en evidencia.

Que eso haga que, a raíz de tu capacidad comunicativa, muchas personas empiecen a conocerte y a estar contigo y tus opiniones. A seguirte en los medios y a confiar en ti como persona que defiende sus mismos intereses, o, cuando menos, que comparten tus ideas frente a las ideas de aquellos con los que te enfrentas en los debates.

Tener luego la valentía de querer convertir eso en una fuerza política de masas, sin saber si te vas a dar un batacazo o no. Presentarte a unas elecciones. Sacar unos resultados impresionantes que sorprenden a todo el mundo y que, por un lado, te dan a conocer entre aquellas personas que no te conocían anteriormente, y, a su vez, hacer que ya pases a ser el tema central del debate político en esas tertulias durante meses, así como ocupar portadas (y ataques) en todos los principales diarios, radios y tv del estado. Máxime cuando las encuestas te sitúan ya como tercera fuerza política del estado y la propia población empieza a contemplarte como alternativa al bipartidismo.

Que eso permita que otras personas de tu mismo movimiento puedan salir también en la tv. Las mismas personas que desde el principio te han acompañado en tu avance desde La Tuerka hasta ser un personaje público de primera magnitud y un habitual en las principales tertulias. Que también ellos y ellas lo hagan bien, y así, así, abrirte un hueco donde, de partida, no lo tenías y que, desde luego, sin todo un trabajo y un curro de años detrás, nunca lo hubieran tenido. ¿Están preparados esos que se quejan de no salir en la televisión para hacerlo?

Ánimo. Que sí se puede. Él/ellos-as, lo han demostrado.

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