Tiempo eres y en no-tiempo te convertirás: aprovéchalo que es breve… también en política

Si no entendemos que el poder establecido nos domina, en gran parte, basándose en una cuestión de sentido de la vida, de poco o nada nos servirá entender cómo funciona la infraestructura económica de la sociedad consumista/capitalista, así como los mecanismos objetivos de alienación y explotación que se producen en el ámbito de lo material...

El tiempo oprime, el tiempo libera

El tiempo nos oprime. El tiempo nos libera. Tiempo eres y en no-tiempo te convertirás. Aprovéchalo que es breve. La vida pasa y pesa. La vida pasa y alivia. Posibilidades, momentos. Errores, aciertos. Cosas que vienen, cosas que van. Cosas que vuelven, cosas que no volverán. La vida simplemente existe, es existir.

¿El destino? Es lo contrario al azar. Ninguna fuerza sobrenatural, más que la detu propia voluntad, guía tu destino. Tu capacidad para manejar tus emociones y reinterpretar tus propias vivencias pasadas, tu deseo por hacer de tu vida algo que se conduzca hacia algún lugar que tú mismo construyas desde el presente,tui lucha contra aquello que te desvía del camino anhelado, tu batalla contra tu propio ego como expresión de fracasos, miedos, temores o traumas pasados, eso es el destino.

No es tu libre albedrío lo que lo determina y lo guía hacia unos acontecimientos u otros, sino tu capacidad de enfrentarte atui propio sometimiento. Frente a ti mismo no eres libre, eres a veces esclavo y a veces siervo: esclavo de tus necesidades, siervo de tu experiencia pasada. Pero también eres, a menudo, sirviente de tu conformidad, y eso sí lo puedes cambiar desde tu libre albedrío. El destino es la combinación de todos esos elementos en una misma forma de entender la vida. Siendo esclavos de nuestras necesidades y siervos de nuestro pasado, podemos dejar de ser sirvientes de nuestra conformidad. El destino será entonces lo que nosotros queramos que sea.

El azar es espontaneo, impredecible, caprichoso, el destino es todo lo contrario, es racional, ordenado, altamente predecible y nada amante de las grandes sorpresas. Azar y destino, de hecho, no solo no son lo mismo, sino que continuamente compiten en nuestras vidas. En raras ocasiones el azar se impone, pero, por lo general, es el destino, el que vamos escribiendo en nuestras vidas desde que nacimos, aquel en el que experiencias, vivencias, emociones y pensamientos se enlazan unos a otros para hacer camino al andar, el que acaba triunfando. El destino no es aquello que nos pasará, no es aquello que nos deberá pasar, es tan solo aquello que nos pasa mientras navegamos sobre el tiempo de nuestra existencia, aquello que explora nuestras posibilidades en la vida y nos va abriendo o cerrando caminos, aquello que fusiona nuestra experiencia de ayer con nuestra vivencia de hoy y, desde allí, nos proyecta hacia el futuro por uno u otro camino, hacia uno u otro lugar.

El destino es el pasado porque el pasado siempre vuelve. De una forma o de otra, como experiencia, como reminiscencia, como pensamiento inconsciente, como deseo reprimido, como necesidad, como trauma, temor o miedo, como esquema existencial, el pasado siempre vuelve. No podemos abandonar nuestro pasado, somos siervos de nuestro pasado, vivimos en su permanente reinado, en su eterno retorno. El pasado sale al encuentro de nuestro futuro en cualquier vivencia de nuestro presente. El pasado es uno mismo hecho momento presente que se proyecta hacia el futuro en busca de nuevas formas con las que poder expresarse, y eso, a su vez, es el destino. El destino eres tú, tu yo presente, proyectado hacia el futuro, y tú eres, ahora mismo y siempre, ante todo, pasado.

Construye tu destino…

Tu destino eres tú, y tú eres lo que es tu vida, tu destino es tu vida. La que tendrás que vivir quieras o no, gustes o no, con sus momentos buenos y sus momentos malos, con sus alegrías y sus sufrimientos, sus risas y sus llantos, sus idas y venidas, su saber que la muerte te acecha y solo ella pondrá fin a tu destino. Tu destino lo escribes tú. Tu destino son tus vivencias proyectadas hacia al futuro, es la capacidad que tengas de aprender de ellas, es la fuerza con la que sepas mover tu voluntad y tus energías vitales hacia un camino u otro, es tu forma de mirar el mundo sabedor de que tus ojos verán solo aquello que tú previamente hayas podido poner en el mundo. ¿Karma? No, deseo de ser tú mismo, voluntad para ser tu propio Dios creador. Predeterminación constante y continua desde la fe en ti mismo y en tus posibilidades creadoras.

No hay más destino que el momento mismo, sobre él lo irás escribiendo.

Y frente a ello la muerte, que será aquello que siga al punto y final en el texto sobre tu propio destino que hayas escrito hasta ese momento. Probablemente la nada, cuando menos, espacio en blanco, desconocido, borroso.

Así que aprovecha el tiempo, abre posibilidades, sé creador. Y no temas. Si el tiempo oprime es por el miedo. Y nada más.

… También en política

Y no, no es una reflexión -solo- existencial. Es una reflexión también política. Porque la política que vendrá también será, en buena parte, lo que tú quieras que sea. O mejor dicho, lo que nosotros queramos que sea. Hagámosla. Ya va siendo hora, ya va tocando. Ya está bien de dejar que sean otros los que la hagan por nosotros.

El miedo a tener que ser creadores de nuestra propia vida, dueños de nuestro propio futuro, responsables de nuestros propios sentidos, nos ha llevado hasta aquí: hasta el consumismo/capitalismo como creación que el hombre ha situado por encima de sí mismo; como código de sentido absoluto. Nietzsche no se equivocó. Bien lo explica también Erich Fromm en “El miedo a la libertad”.

La historia, con la muerte de Dios, nos brindó la posibilidad de ser libres, de romper con las cadenas de todo sistema absoluto de sentido, de ser gobernantes de nuestro propio mundo, y nosotros, asustados, aterrorizados, incapaces de gestionar tal posibilidad afrontando nuestros propios temores al sinsentido y a la vivencia de la nada como parte inherente a la vida, incapaces de gestionar sin temblores el peso de esa libertad, necesitados de certezas absolutas que nos devolvieran a la seguridad existencial perdida, hemos preferido volver a enredarnos en las cadenas de la opresión religiosa, aunque sea en forma de esta nueva religión consumista/capitalista que hoy es hegemónica.

O dicho de otro modo, hemos sido incapaces de lidiar con ese ateísmo, doloroso, portador de libertad en potencia, que también supo ver el citado Nietzsche:

El ateísmo no está hecho para asegurar al hombre un quietismo y un reposo sin grandeza. El ateísmo es doloroso: produce un drama; arranca al hombre a la paz mentirosa en que sueña situarse y le lanza a la conquista de sí mismo, en una empresa llena de peligros y riesgos. Le obliga a realizar una transmutación de los valores, a forjar una nueva tabla que reemplazará a la que antes solo obtenía su autoridad y su prestigio de Dios”.

Por miedo a la libertad, o incapaces de vivir como verdaderos ateos, con ese dolor y ese drama asociado, resucitamos a Dios y, con ello, la libertad moría antes incluso de poder vivir como algo realmente existente, como elemento existencial capaz de dotar de sentido a nuestras vidas, de fundamentar a la sociedad misma, de ser algo más que mera retórica liberal/burguesa, sin fundamento histórico alguno en el que poder apoyarse y mostrarse como algo en verdad real.

De Dios al consumismo, en nuestras sociedades occidentales capitalistas, no hubo nunca libertad real. Ya va siendo hora de que empiece a haberla.

Cambiar el sistema es cambiarse a uno mismo:  es cambiar el mundo

Para ello, huelga decirlo, debemos aspirar, como principal finalidad política, a generar cambios en el actual modelo económico imperante.

Y es que, como bien dijo Marx, “El modo de producción de la vida material condiciona los procesos de la vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino al contrario: es su ser social el que determina su conciencia”.

Esta reflexión sobre el sentido de la vida se debe entender primordialmente, pues, como una respuesta a la actual situación de la moralidad en la sociedad de consumo o, mejor dicho, como respuesta a la esclavitud moral y cultural a la que esta sociedad conduce al individuo.

Si no entendemos que el poder establecido nos domina, en gran parte, basándose en una cuestión de sentido de la vida, de poco o nada nos servirá entender cómo funciona la infraestructura económica de la sociedad consumista/capitalista, así como los mecanismos objetivos de alienación y explotación que se producen en el ámbito de lo material.

Ambas perspectivas deben ser complementarias en la búsqueda de una verdadera salida hacia ese otro mundo posible, justo, humanista e igualitario, con el que muchos soñamos.

Hagámoslo posible. Hoy mejor que mañana.

*Pedro Antonio Honrubia Hurtado. Autor del libro “El Reino del Dios-Mercado. Crítica a la sagrada hegemonía consumista capitalista”. Publicado por la editorial “La Linterna sorda”. A la venta en la web de la editorial y en diversas librerías a través de la web. Más información en: https://www.facebook.com/elreinodeldiosmercado?fref=nf

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